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| Hacia una electricidad sostenible: el Protocolo de Kioto | |
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¿Con qué instrumentos contamos?
Los instrumentos para la sostenibilidad son mecanismos legales y sociales que facilitan la implantación y consolidación de las iniciativas de producción más limpia y de gestión de la demanda. Por ejemplo, la electricidad fabricada con fuentes renovables se puede beneficiar de una subvención (un instrumento económico) o bien las compañías eléctricas pueden proporcionar asesoramiento a sus clientes sobre maneras de ahorrar energía (un instrumento informativo). Aquí mostramos algunos ejemplos de los instrumentos disponibles. Auditorías energéticas y certificaciones (EMAS e ISO 14000) Las auditorías energéticas son revisiones exhaustivas de todas las fases del proceso de fabricación y consumo de energía que se lleva a cabo en un establecimiento. Se detectan todos los puntos débiles (procesos contaminantes, derroche de la energía) y se corrigen. Una vez corregidos, la empresa tiene derecho a ostentar una certificación que acredita que su sistema de trabajo es correcto desde el punto de vista del medio ambiente. Ecoetiquetas Las ecoetiquetas van dirigidas a los consumidores. Les ayudan a elegir de manera fiable aquellos productos menos contaminantes y más eficientes. Las etiquetas energéticas clasifican la eficiencia de los electrodomésticos en una escala que va de "A", los más eficientes, a "G", los menos. Por ejemplo, un frigorífico clase "A" consume aproximadamente la mitad que un modelo de clase "G". Subvenciones y penalizaciones Existe, de manera incipiente todavía, toda una batería de instrumentos económicos que favorecen la producción limpia de electricidad. Por ejemplo, cada kWh de electricidad de origen fotovoltaico vertido a la red se paga a 21 céntimos de euro, un precio superior al de otras formas de fabricar electricidad. La idea es potenciar la producción e investigación fotovoltaica para reducir así poco a poco el coste real del kWh producido por este procedimiento. Se ha propuesto un llamado impuesto sobre el carbono, que penalizaría inevitablemente las emisiones de CO2 por las centrales térmicas, e incrementaría, por lo tanto, el precio del kWh producido quemando combustibles fósiles. Está todavía en fase de discusión en las instancias políticas de la Unión Europea. |