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Los ritmos de la producción y del consumo
Un día de electricidad

El consumo de electricidad, como el de agua o el ritmo de uso del transporte público, tiene una variación diaria muy marcada y bastante predecible.

A partir de las doce de la noche, el consumo de electricidad cae rápidamente y llega a un mínimo por la madrugada. Hacia las 6 de la mañana comienza otra vez a crecer, llega a su máximo a media mañana, se reduce ligeramente hacia el mediodía y tiene un pico secundario a última hora de la tarde.

Esta curva de demanda o de carga es un compuesto de muchos consumos: domésticos, industriales, para el transporte, etc. Depende de muchos factores: temperatura (los días fríos las estufas electricas funcionan a pleno rendimiento), horas de luz, festividades, etc.

Como la electricidad es difícil de almacenar, es necesario mantener una base de carga funcionando continuamente, con una estrategia que permita tanto cubrir la demanda básica, como los picos de alta demanda que puedan surgir.

Un frigorífico es un ejemplo de demanda básica: su consumo de electricidad es regular y previsible. Por el contrario, una ola de frío puede disparar la demanda de electricidad para calefacciones de manera imprevisible.

Las centrales nucleares y térmicas, con un funcionamiento regular, satisfacen la demanda básica, mientras que los picos de demanda se solventan poniendo en marcha los grupos térmicos menores y las centrales hidroeléctricas, más ágiles a la hora de alcanzar el estado operativo, de parar y de reaccionar ante las eventualidades de una producción regular.

El sistema se regula prácticamente minuto a minuto, intentando reducir al mínimo tanto la sobreproducción de electricidad como el no poder satisfacer a la demanda.

No obstante, en las horas valle más pronunciadas, es habitual que la base de carga supere ampliamente la demanda. Una solución consiste en aprovechar la electricidad sobrante para almacenar energía en las centrales de bombeo.

Otra solución es intentar aplanar la curva de demanda. Por ejemplo, la tarifa nocturna, mucho más barata, estimula a los consumidores a instalar acumuladores de calor que almacenan energía por la noche, sirviéndola al día siguiente a los hogares.

Un año de electricidad

El consumo de electricidad también varía a lo largo del año: suele ser mínimo en verano, que coincide con periodo vacional y altas temperaturas, y alcanza un máximo en invierno, por lo general en diciembre. Las centrales nucleares proporcionan la base de producción, que varía poco a lo largo del año. El resto de la demanda lo cubren las centrales térmicas e hidroléctricas.

Si el año hidráulico es bueno y hay mucha agua disponible para turbinar, las centrales térmicas reducen sus horas de funcionamiento.
Producción de electricidad mes a mes en dos años consecutivos



Por el contrario, cuando hay sequía, deben funcionar a pleno rendimiento. En un año normal, las centrales hidráulicas proporcionan poca energía en los últimos meses de verano, cuando la disponibilidad de agua es mínima. Un año seco, por lo tanto, significa un sobrecoste en la producción de energía, pues es necesario quemar más combustible del normal.

Representación esquemática de cómo se satisface la curva de demanda (línea superior) a lo largo de un año. Las centrales nucleares, con un factor de carga próximo al 90%, son las que tienen un funcionamiento más regular. El resto de la demanda se cumplimenta haciendo entrar en funcionamiento las centrales térmicas (con un factor de carga de alrededor del 50%), variable en función de la disponibilidad de agua para mover las centrales hidroeléctricas (con un factor de carga muy variable, que en los últimos años está entre el 20 y el 30%).



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