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| Los ritmos de la producción y del consumo |
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| Un día de electricidad El consumo de electricidad, como el de agua o el ritmo de uso del transporte público, tiene una variación diaria muy marcada y bastante predecible.
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Esta curva de demanda o de carga es un compuesto de muchos consumos: domésticos, industriales, para el transporte, etc. Depende de muchos factores: temperatura (los días fríos las estufas electricas funcionan a pleno rendimiento), horas de luz, festividades, etc. Como la electricidad es difícil de almacenar, es necesario mantener una base de carga funcionando continuamente, con una estrategia que permita tanto cubrir la demanda básica, como los picos de alta demanda que puedan surgir. Un frigorífico es un ejemplo de demanda básica: su consumo de electricidad es regular y previsible. Por el contrario, una ola de frío puede disparar la demanda de electricidad para calefacciones de manera imprevisible. Las centrales nucleares y térmicas, con un funcionamiento regular, satisfacen la demanda básica, mientras que los picos de demanda se solventan poniendo en marcha los grupos térmicos menores y las centrales hidroeléctricas, más ágiles a la hora de alcanzar el estado operativo, de parar y de reaccionar ante las eventualidades de una producción regular. El sistema se regula prácticamente minuto a minuto, intentando reducir al mínimo tanto la sobreproducción de electricidad como el no poder satisfacer a la demanda. No obstante, en las horas valle más pronunciadas, es habitual que la base de carga supere ampliamente la demanda. Una solución consiste en aprovechar la electricidad sobrante para almacenar energía en las centrales de bombeo. Otra solución es intentar aplanar la curva de demanda. Por ejemplo, la tarifa nocturna, mucho más barata, estimula a los consumidores a instalar acumuladores de calor que almacenan energía por la noche, sirviéndola al día siguiente a los hogares. Un año de electricidad |
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Por el contrario, cuando hay sequía, deben funcionar a pleno rendimiento. En un año normal, las centrales hidráulicas proporcionan poca energía en los últimos meses de verano, cuando la disponibilidad de agua es mínima. Un año seco, por lo tanto, significa un sobrecoste en la producción de energía, pues es necesario quemar más combustible del normal. |
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